El concepto de auto percibir a nuestra empresa como pequeña muchas veces nos limita. Entonces, debemos reconocer cuándo es el momento de emprender nuevos desafíos y mejorar, para comenzar a crecer.
Por ejemplo, uno de los desafíos de todo organización Pyme que vende servicios es ayudar a sus clientes — también pymes o emprendedores–, a entender que sus servicios con «contratables «, y no que son exclusivos para las grandes corporaciones.

A menudo, cuando entrevisto a clientes surge de las charlas una muletilla peyorativa del empresario hacia su propia compañía, quien la define como “una empresa chica, que no piensa aún invertir en eso…”.

De esta sentencia afloran varias cuestiones, al menos riesgosas: primero deberíamos establecer qué es ser chico o pequeño. Segundo, determinemos cuándo es prudente invertir en “eso”. Si somos conscientes que nos vemos como pequeños, nos sentimos pequeños y, lo que es aún peor, percibimos de nuestros clientes que nada pueden esperar de nosotros; sin lugar a dudas nunca será el momento de cambiar de actitud.

En definitiva, como en la vida misma, el crecimiento de una pyme es un proceso inevitable y conlleva asumir responsabilidades y desafíos basados en nuestra propia experiencia. Es mostrarse al mundo sin miedo y decir acá estamos, confiados que podemos transformar en parte (la que nos toca) la realidad que nos circunda.

Piense entonces si no sería bueno cambiar su postura: “Estamos creciendo” o “estamos en un proceso de cambio”, es más alentador, positivo y ayuda a proyectarnos. Nos permite tomar decisiones a escala y cambiar cómo lucimos, sentirnos buenos y aptos en lo que hacemos.

Para muestra basta un botón, dice el refrán: según un informe de CAME, la industria pyme tuvo un crecimiento de 12.9 % anual en enero, con respecto al mismo mes del 2021. Estos datos, nos demuestran el crecimiento de este sector y el desafío de los empresarios de apostar a más, para que su negocio escale.
Piense si no sería bueno, entonces, tener la mayoría de edad, empresarialmente hablando, y comportarse como tal. Después de todo, no hay nada mejor que sentirse grande, para comenzar a serlo.

En la práctica, por ejemplo, una manera de hacerlo sería contar con una imagen corporativa y un discurso empresarial eficaz y bien resuelto. Se trata de una inversión necesaria, que transforma nuestro lugar en el mercado y modifica la conducta de los clientes, así como captura la atención de otros y capitaliza su interés.

 

Por María Eugenia Fabiano. directora financiera de Grupo Crescent y experta en emprendurismo.