Raquel Lía Chan

Raquel Lía Chan examina cultivos en un invernadero durante una investigación en biotecnología vegetal
Raquel Lía Chan, Doctora en Bioquímica, especialista en biología molecular y biotecnología vegetal.

 

¿Cómo nació su interés por estudiar la resistencia de las plantas?

Desde pequeña me llamaba la atención que algunas plantas se marchitaran rápidamente cuando no recibían agua, mientras que otras resistían mucho más tiempo. Esa curiosidad se transformó en una línea de investigación: comprender cómo las plantas perciben el ambiente y qué mecanismos activan frente a la sequía, el calor, el frío, las inundaciones o la salinidad.

La ciencia suele comenzar con una observación sencilla. Después exige años de trabajo y experimentos que no siempre funcionan.

¿Qué es la tecnología HB4 y por qué resulta relevante frente al cambio climático?

La tecnología HB4 surge de un gen aislado del girasol que permite mejorar la tolerancia de ciertos cultivos al estrés hídrico. Esto no significa que las plantas puedan crecer sin agua ni que su rendimiento sea igual en todos los ambientes.

Su aporte consiste en reducir las pérdidas y brindar mayor estabilidad a la producción cuando las condiciones son adversas, en particular ante el déficit hídrico y las altas temperaturas.

Frente al aumento de las sequías y de otros eventos extremos, estas herramientas pueden ayudar a producir de manera más eficiente sobre las superficies ya cultivadas. La biotecnología no es una solución única, pero puede integrar una estrategia más amplia de adaptación.

¿La ciencia puede resolver el problema del hambre?

La ciencia puede mejorar los cultivos, reducir las pérdidas y generar tecnologías que permitan producir en escenarios ambientales más difíciles. Sin embargo, el hambre no se explica únicamente por la cantidad de alimentos disponibles. También intervienen la distribución, los ingresos, el acceso y las decisiones políticas.

En países capaces de producir alimentos para millones de personas, todavía existen sectores que no pueden acceder a una alimentación adecuada. La investigación aporta herramientas concretas, pero las soluciones requieren políticas públicas y una distribución más equitativa.

¿Qué enseñó la articulación entre el sistema científico público y una empresa?

La investigación básica se desarrolló dentro del sistema científico público, pero, para transformar ese conocimiento en una tecnología aplicable al campo, fue necesario trabajar con el sector privado.

Esa articulación permitió realizar ensayos, avanzar en el escalado, desarrollar evaluaciones regulatorias y concretar el desarrollo comercial. La experiencia demuestra que ambos mundos pueden complementarse cuando existen objetivos compartidos.

También confirma que la Argentina cuenta con capacidades para generar innovación competitiva a escala internacional. Para multiplicar estos casos se necesitan continuidad, inversión y una estrategia que conecte a las universidades y los organismos científicos con las empresas.

¿Cómo entiende el liderazgo científico y qué desafíos enfrentan todavía las mujeres?

La ciencia no es obra de una sola persona. Requiere equipos, miradas diferentes, discusión y capacidad para revisar las propias hipótesis.

Liderar implica crear las condiciones para que otras personas puedan investigar, formular preguntas y desarrollar su propio recorrido. El verdadero legado no es solamente una patente o una publicación, sino una comunidad capaz de continuar, mejorar e incluso cuestionar lo construido.

La participación de las mujeres ha crecido, pero persisten desigualdades en los niveles de mayor reconocimiento y decisión. Una de las principales barreras aparece en la conciliación entre la carrera científica, la maternidad y las tareas de cuidado.

La igualdad efectiva exige responsabilidades familiares más equilibradas e instituciones que comprendan que las trayectorias profesionales no siempre son lineales.

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