Por Sheila Saad – Fundadora y directora de El Club de Emprendedoras

2024: Los mayores desafíos para las emprendedoras argentinas

La mitad de las mujeres emprenden por vocación o desarrollo personal,
mientras que la otra mitad lo hace por necesidad económica.

Vivimos en un mundo en constante cambio, en el que la economía local y
los negocios no son ajenos a este escenario. Los emprendimientos y los
negocios consolidados se enfrentan a la incertidumbre especialmente en
tiempos de crisis.

Ante este contexto, los líderes deben estar preparados para enfrentar
estos desafíos, desarrollando habilidades clave que les permitan
reforzar su visión de negocios, mantenerse activos en el mercado y ser
sostenibles en el tiempo.

Los emprendedores son fundamentales en la economía del país ya que
los pequeños y medianos negocios son los principales generadores de
crecimiento económico en Argentina.
Más emprendimientos significan mayores oportunidades para toda la
sociedad. Desde generación de empleo e impuestos a mejores soluciones
disponibles en el mercado para mejorar la vida de las personas.

Emprender es identificar un problema en un nicho dentro de ese mercado
que tal vez no estaba siendo explorado o encontrar nuestro propio
diferencial para crear un negocio que ofrezca una solución que logre
satisfacer las necesidades de nuestros clientes.

En los últimos 20 años, el rol de la mujer ha crecido notablemente en
el ecosistema emprendedor. Cada vez hay más mujeres que eligen ser
emprendedoras para conciliar su desarrollo personal con el profesional.
Mujeres que emprenden por una necesidad económica, impulsadas por la
necesidad de ”tener tiempo” para su vida privada o en búsqueda de
la autorrealización.

Sin embargo, los datos no son tan alentadores. El Reporte global sobre
el estado de las pequeñas empresas indica que los negocios liderados
por mujeres en el país tienen 10% menos de probabilidades de estar
operativos o participar en actividades generadoras de ingreso que
aquellos que son dirigidos por hombres.

Y es que ser madres y emprendedoras es un gran desafío, sobre todo en
un contexto en donde la desigualdad de género no nos juega a favor.

La participación masculina en los negocios es histórica y las mujeres
debemos allanar terreno, el famoso techo de cristal no es un mito, es
una realidad y demuestra como a las mujeres nos cuesta mucho más llegar
a posicionarnos en los negocios, enfrentándonos a dificultades que
están relacionadas con esa diferencia.

Emprender lleva tiempo, requiere inversión y se necesita de ayuda de
familiares o colaboradores para poder afrontar todas nuestras
responsabilidades y lograr diversificarnos en nuestras actividades
cotidianas.

Emprendimiento desde la perspectiva de género
Existen múltiples formas de encarar proyectos pero entre las mujeres
existen temas que les son comunes solo por el hecho de ser mujeres: la
voluntad de ser madres y la decisión de cuidar a los hijos, el embarazo
y la lactancia, la falta de acceso a créditos y a información clave
para llevar a cabo proyectos.

Emprender es una salida laboral frecuente para muchas mujeres que
buscan la flexibilidad horaria que le permitan conciliar la vida laboral
con la familiar y/o social, para ser “jefas de su vida“ y “dueñas
de su tiempo”. Incluso, muchas emprenden en paralelo a su empleo en
relación de dependencia, hasta poder tener la confianza en sí mismas y
adquirir los ingresos que le garanticen la estabilidad para dejarlo.
Este proceso, es parte de la búsqueda por la autonomía financiera.

Sin embargo, la informalidad y la falta de un plan de acción
estratégico pueden impedir que el emprendimiento pueda desarrollarse y
escalar. Por el contrario 7 de cada 10 emprendimientos fracasa antes de
los 5 años y 1 de cada 4 no llega, ni siquiera, a cumplir el primer
año.

Según un informe de la Asociación de Emprendedores de Argentina
(ASEA) y Amazon Web Services (AWS), la mitad de las mujeres emprenden
por vocación o desarrollo personal, mientras que la otra mitad lo hace
por necesidad económica.

Uno de los mayores desafíos para las emprendedoras es convertir su
idea o su vocación en un negocio sano, sostenible y rentable.

Comenzar un negocio propio es un “camino cuesta arriba”. Requiere
planificación, proyección, visión a largo plazo, formación
constante, pero sobre todo, una “actitud emprendedora”, el ser
proactivas y tener inteligencia emocional para seguir a pesar de los
miedos y demás creencias limitantes, con las que “nos carga” la
sociedad.

La mujer emprendedora es empoderada porque sabe que tiene el superpoder
de reinventarse constantemente y transformar su vida y la de todos los
que la rodean. Emprendiendo desde el propósito, sabiendo por qué
hacemos lo que hacemos nos permite avanzar a pasos firmes hacia nuestra
visión.

Con cada decisión que tomamos definimos nuestro futuro. Son los
momentos más difíciles los que definen quienes vamos a llegar a ser.
Si somos tenaces el resultado será gratificante ya que alcanzaremos
nuestros objetivos.

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